GABINETE DE ASTROLOGÍA

 

 

ASTROLOGÍA. 

            La astrología es la ciencia de la influencia de las estrellas en el acaecer terrestre. Abarca importantes fenómenos físicos de nuestro planeta y también las reacciones de sus criaturas en su conjunto de vida y destino. Según definición de las ciencias biológicas modernas, la “vida” está basada en la existencia de movimiento, alimentación (metabolismo) y propagación espontáneos. La tierra dispone de todas estas características. Su movimiento no sólo es el resultado forzoso de la gravitación del sol, sino también el efecto de su propia gravitación; toma su “alimentación” a través de la irradiación solar; su metabolismo se pone de manifiesto en las modificaciones continuas, aunque muy lentas, a que están sometidos los tres reinos –mineral, vegetal y animal— y de su propagación es expresión su satélite, la luna.

            Puesto que sabemos que la tierra es un astro semejante a los demás, si le hemos adjudicado la vida debemos concederle igual condición a estos últimos. La astrología corresponde a la fisiología de los cuerpos celestes y la astronomía corresponde a su anatomía.

            Según sus objetivos, las influencias astrales dan lugar a dos ciencias: la astro-meteorología, en cuanto se expresan a través de los procesos físicos de la tierra, y a la astrología propiamente dicha, en cuanto actúan en el dominio orgánico. Si esta astrología se ocupa del individuo humano, se llama “horoscopía”.

            El “horóscopo” constituye el fundamento de los diagnósticos y pronósticos astrológicos y es una representación esquemática del cuadro celeste, basada en cálculos puramente astronómicos y válidos para el lugar y el momento del “acontecimiento” en cuestión. El “acontecimiento” sometido a la consideración de la horoscopía es el nacimiento de una criatura humana.

            La horoscopía se distingue de las llamadas ciencias divinatorias, por el hecho de que la interpretación de una figura natal no presupone dones trascendentales y de que puede ser practicada por todos aquellos que se hayan provisto de los conocimientos indispensables a tal objeto.

            La mera interpretación de la figura natal no requiere, tampoco, ningún conocimiento de lo que se entiende por “ocultismo”, ni necesita la ayuda de la teosofía moderna. No se precisa saber ni lo más mínimo de Karma o de la doctrina de la reencarnación para comprender a fondo la horoscopía e interpretar posiciones planetarias, aspectos, direcciones y tránsitos.

            Desde que Ptolomeo (III d.C.) reunión los fragmentos de astrología provenientes de los caldeos y los arregló de un modo sistemático hasta nuestros días, el cúmulo de observaciones e investigaciones es impresionante y desbordante, dando lugar a un compendio de “combinatoria astrológica”, en donde los sucesos celestes se pueden tomar como resultados probabilísticos después de siglos de “observación y anotación”. Esta concepción de la astrología es la que adoptan las personas que desligan lo puramente matemático (combinatoria, estadística) de la interpretación esotérica o mezclada con artes divinatorias que en ningún momento son astrología, sino burdo engaño y parafernalia.

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