
EL ÁRBOL
Os voy a contar una historia, en
parte real pero también ficticia, fruto de mi imaginación. Porque
para mí, mi imaginación me ha hecho muchas veces inmensamente
feliz consiguiendo que me evada de la cruda realidad de la vida.
Empiezo a contaros
la historia:
Por vivir hace
tiempo en un pequeño pueblo, rodeado de maravillosos bosques y
gustarme mucho la naturaleza, todos los días que podía dedicaba
algo de mi tiempo, y me iba a pasear sin rumbo fijo, aventurándome
siempre hacia lo desconocido recorriendo los caminos y
adentrándome por los bosques.
Hasta que llegó un
día en que me encontré en un bosque que me llamó mucho la atención
y sentí algo especial, muy especial. Caminé por él, observándolo
atentamente, mirando cada piedra, cada árbol, etc. Y entonces, LE
VI. Vi un árbol grande, esbelto, majestuoso, lleno de vida, sus
ramas se mecían suavemente; me acerqué, lo toqué y un escalofrío
recorrió todo mi cuerpo.
En mi mente pensé
“qué extraño, qué me sucede”, pero no le di mucha importancia y me
marché de vuelta tranquilamente a mi casa. A los pocos días volví,
necesitaba volver y verlo. Entonces supe que sentía una química
especial por él, y decidí ir de vez en cuando a verle.
Cuando iba llevaba
una botella con agua a la que le añadía vitaminas, para mí era
como cuidar de él, eso me hacía feliz. Me pasaba un buen rato
mirándolo, y me di cuenta de que a pesar de ser tan grande, tan
esbelto, tan majestuoso, LLENO DE VIDA. Cuando el viento soplaba
fuertemente se balanceaba y parecía como si se fuera a caer, en
comparación con otros árboles que eran menos grandes y estaban
menos llenos de vida. Qué sucedía, porqué un suave viento le
afectaba más a pesar de estar tan lleno de vida.
Así fue
trascurriendo el tiempo, cuando había una tormenta, al día
siguiente iba y casi siempre encontraba algún árbol caído y
muerto. Algo normal, propio de la naturaleza.
Hasta que llegó un
día en el que hubo una gran tormenta, una más. Al día siguiente
fui al bosque, con una sensación extraña en mi interior, estaba
más preocupada de lo normal. La tormenta había sido impresionante,
cuanto más me iba adentrando en el bosque para ver el árbol del
que me había enamorado iba sintiendo una gran inquietud, un gran
miedo, una gran ansiedad y al verlo de lejos VI QUE ESTABA CAÍDO
EN EL SUELO, fui corriendo, estaba muerto. No pude evitar las
lágrimas, lloré como cuando se pierde a un ser querido, porque al
verlo mi gran sorpresa fue que ese ÁRBOL NO TENÍA RAÍCES.
Entonces lo
comprendí todo.
Entendí esa
química especial que sentía por él.
Entendí que era
diferente al resto de los árboles.
Entendí que a
pesar de ser bello, de estar lleno de vida, era más frágil que los
demás árboles.
ÚNICAMENTE PORQUE
NO TENÍA RAÍCES.
Ese árbol y yo
teníamos mucho en común.
Yo tampoco tengo
raíces.
Soy como ese
árbol, estoy llena de vida, pero cuando llega una tormenta o se
avecina el viento, me balanceo como él, me afectan las cosas más,
mi fragilidad es mayor.
Sólo deseo que no
me ocurra como a él, que un día llegue una gran tormenta, y acabe
caída en el suelo y muerta.
No tengo miedo a
morir pero no quiero morir SIN ENCONTRAR MIS RAÍCES.
Si estoy llena de
vida, ha sido porque también ha habido personas en mi vida que me
han dado agua con vitaminas, que me han cuidado, yo diría:
hubieron y hay personas que me amaron y me aman como yo amé a ese
árbol.
Sólo os pido un
pequeño favor al leer esta historia, que os puede haber resultado
un auténtico “rollo”. Cuando caminéis por un bosque parad un
instante, cerrar los ojos, relajaros un poco y, a lo mejor,
descubrís que los árboles también hablan, aunque sea en su idioma.
A mí ese árbol me hablaba pero yo no supe entenderle, únicamente
lo entendí todo cuando ya estaba muerto.
Esa es la única
pena que me queda, pero estoy en paz conmigo mi misma porque hubo
alguien que le amó. Aunque sólo fuese yo.
Y quien soy yo,
sólo una pequeñísima motita de polvo en ese gran universo.
Nosotros “somos
árboles a los que un día decidieron, no importa el motivo, ni
quien, cortarnos las raíces” y es fundamental para nosotros
encontrarlas.
(La historia
que os he relatado la dedico a mi padre, un gran
amante de la naturaleza).
Copyright ©
2007
Todos los derechos reservados


Te necesito
Mi mirada te busca y
no te encuentro,
te llamo y no me
respondes.
Un día no muy lejano
creí sentir cómo
acariciabas mi mano,
y luego te fuiste.
Te ví o creí verte
junto a mi,
a mi lado;
pero te fuiste.
Como amiga, por favor,
déjame verte,
déjame ver tu rostro,
y cógeme esta vez
fuertemente mi mano,
para acompañarme en mi
último viaje.
Sola, sin ti,
sin tu compañía
tengo miedo a
emprender ese viaje.
Te necesito.
No me abandones como
otros lo hicieron.
A solas, sin ti,
no soy capaz de
emprender el viaje.
Necesito viajar en ese
tren,
pero en tu compañía
para llega a mi destino.
Destino que desconozco
pero, ¡qué importa!
Contigo voy a
cualquier parte.
Quizás sea el viaje
más hermoso que jamás pueda hacer.
Amiga, ¡déjame verte!
Copyright ©
2007
Todos los derechos reservados

20 diciembre
2.007
Gracias por dejarme
ver tu rostro.
Nunca imaginé que
pudiera existir un rostro tan hermoso,
tus ojos hablan por sí
mismos,
me transmiten paz,
tranquilidad, sosiego y una irradiante felicidad.
Me gustaría caminar
junto a ti.
Volver a ver esos ojos
que me llevan hacia ti,
como si hubiese sido
hipnotizada por ellos.
No tienen un color
definido,
pero son como la
esperanza.
Brillan como si fueran
estrellas.
Donde estás ahora se
que debe de ser un lugar idílico, tranquilo, lleno de paz
e inmensamente
hermoso.
Por favor llévame
contigo.
Copyright ©
2007
Todos los derechos reservados



La Luna
Mi corazón está
triste y abatido.
Durante la
noche, de mis ojos,
emergen unas
lágrimas,
como pequeñas
gotas de rocío.
Unas gotas de
rocío que aparecen por la noche,
Cuando, quizás,
esa noche, está igual de triste y abatida.
Como mi
corazón.
Esas lágrimas
que emergen de mis ojos no me dejan ver la luna llena,
Pero sólo
durante un instante.
Luego puedo
verla con su esplendor y magia,
Pero una vez
más no la puedo ver, pues su resplandor me ciega.
Pero es tanta
mi fascinación por ella,
Que aunque no
la vea, gracias a mi imaginación,
durante ese
instante, consigo verla; imaginádola más hermosa y seductora.
Después de la
noche, la luna llena se va y comienza un nuevo amanecer
Y esas gotitas
de rocío desaparecen, como mis lágrimas.
Y espero a que
el nuevo anochecer me traiga la luna llena que tanto anhelo.
Aunque llore
junto a ella.
La vida es eso:
Luna y sol,
Noche y día,
Llanto y risas,
Vida y muerte.
Amo al sol.
Pero la luna un día me embrujó
Y desde
entonces… no puedo vivir sin su presencia.
Nací junto a
ella una noche de luna llena.
Copyright ©
2008
Todos los derechos reservados

Cuando mi padre
se fue escribí este poema:
Amaneciendo te
fuiste,
Cuando las
estrellas se ocultan.
Salía el sol
por el horizonte,
Fuerte y
vigoroso,
Como todos los
días.
Pero tú estabas
muerto
y mi corazón se
sintió triste,
las lágrimas
corrieron por mis mejillas.
Mi vida cambió.
En ese momento,
No supe que mi
vida iba a cambiar,
Que tu ida
nunca sería un retorno.
Pero, ¿qué
significaba la muerte para mí?
No lo sabía.
Ahora lo sé.
Para mi no
estás muerto,
estás vivo en
mis recuerdos.
Cada vez que
miro al cielo,
las estrellas
me dicen que estás con ellas,
e imagino tu
cara, tus vivencias
y trato de
vivir parte de ellas
para que en la
tierra quede algo tuyo.
Necesito oírte.
Necesito
sentirte.
Y a veces lo
consigo.
Qué feliz soy
cuando me encuentro contigo.
Todas las
noches,
cuando aparecen
las estrellas,
sé que estás
con ellas.
Y soy feliz.
Mi padre será siempre
una bella estrella en el Firmamento.
Manuela Francisca (Septiembre, 2.002)
Copyright ©
2007
Todos los derechos reservados


Estos son y fueron mis
padres, los dos grandes pilares que me enseñaron tantas y tantas
cosas.
Pero sobre todo a
amar.
Copyright ©
2007
Todos los derechos reservados
