CASOS CLÍNICOS

 

 

EYACULACIÓN PRECOZ: ENFOQUE MEDICAMENTOSO

             La señora D, 27 años, que viene a la consulta sola, está casada desde hace cinco años y tiene un hijo. Alta, delgada, muy guapa, viene a quejarse de la rapidez con la que su marido finaliza las relaciones:

           "Al principio eyaculaba después de seis movimientos, ahora lo hace después de dos movimientos". Admite que si tienen una segunda relación, él es más lento, "pero estoy menos dispuesta y rehúso". La señora D se queja, además de que su marido la acosa sin cesar, y sólo la acaricia para acostarse con ella.

          La vida sexual prematrimonial era satisfactoria; actualmente han disminuido sus deseos, rechazando cada vez las relaciones, lo que agrava el clima conyugal.

          El señor D, que posteriormente viene solo a la consulta, es muy delgado y parece bastante preocupado. Está muy afligido por un tartamudeo importante. Nos explica que al principio del matrimonio eyaculaba después de veinticinco movimientos (¡relatividad de puntos de vista!) y que ahora, después del parto de su mujer, no puede aguantar más de cinco movimientos. Muy emotivo, ansioso, está obsesionado por la idea de satisfacer a su mujer por temor a que ella le engañe.

          "Prefiero que mi mujer me abandone antes si hubiera decidido engañarme. Se lo he dicho". Esto le induce a querer mostrar incesantemente a su mujer que la desea. Tal es su temor al fracaso en cada relación que indica pérdidas brutales de erección antes de la penetración. Por otra parte indica sueños de relación con su antigua maestra.

          Podemos decir que el marido presenta un doble problema: un trastorno de la emisión de esperma (por su eyaculación) y un trastorno de la emisión de la palabra (por su tartamudeo). Esta analogía sólo es una hipótesis que debe verificarse con un análisis más profundo del caso y que presupone, además, que admitimos un origen psicogenético del tartamudeo. Lo que primero aparece es un componente ansioso profundo de estructura obsesiva en este paciente. El análisis indica una homosexualidad inconsciente transparente en las palabras referentes a los amantes que su mujer podría tener. En el mismo orden de ideas, la eyaculación precoz de este hombre puede ser interpretada como un medio de evitar la relación incestuosa con la mujer-madre, privando al mismo tiempo a ésta de un placer que podría experimentar como mortífero. Pero si cambiamos de planteamiento, podemos tratar de comentar este caso en el plano de las causas inmediatas de su trastorno.

          Se trata de una eyaculación precoz en un ansioso, que tiene por base un deseo de resultados fundado en el temor de ser engañado. Por supuesto, el temor al fracaso mantiene todo esto y provoca incluso una patología secundaria de la erección. Este hombre, que no tiene, evidentemente, confianza en sí mismo, presenta actualmente un ligero estado depresivo.

          Sus peticiones repetidas de relaciones en un intento desesperado de sustituir calidad por cantidad exasperan a su mujer, que tiene el sentimiento de que sólo se interesa en ella por esta razón.

          La estrategia propuesta a la pareja, implicaba la técnica de comprensión, pero, de común acuerdo, rehúsan los ejercicios y me piden con insistencia un medicamento, al menos en un primer momento. El programa implica, por consiguiente, una prescripción medicamentosa por parte de su médico de cabecera previo informe psicológico consistente en clomipramina, tres comprimidos de 10 mgr por día y medidas de finalidad psicoterapéutica. Una conversación con el marido tiende a eliminar la obsesión por dar satisfacción a su mujer; tenemos la impresión, en efecto, de que experimenta la preocupación por desear que su mujer viva.

          La prohibición de relaciones, salvo cuando son expresamente deseadas por la esposa, pretende eliminar la reacción hostil de la mujer y reducir la obsesión del marido por satisfacer a su mujer. Vemos que nos apartamos de los programas estándar de sexoterapia, puesto que las relaciones no son totalmente prohibidas.

          Después de quince días de tratamiento, el marido está menos ansioso, más relajado y canta (aún cuando se había vuelto taciturno). Por supuesto no ha esperado que su mujer le solicite y ha querido tener relaciones  que le han llenado de alegría. "Me he vuelto como antes, ¡consigo diez movimientos!".

          En cuanto a la esposa, está satisfecha: "Todo marcha bien, no aminoréis más en él la excitación porque esto me molestaría mucho. De esta manera ya gozo dos veces".

          ¿Este resultado tan rápido depende del medicamento, de los consejos desinhibidores o de ambos? De todas formas, se renueva el tratamiento cuando la pareja se va de vacaciones.

          Al volver de las vacaciones, la mujer viene para decirme que, aunque todo ha ido bien mientras tomaba el producto (un mes), el marido lo había interrumpido y se ha producido la recaída algunos días después; la técnica de compresión ha sido entonces aceptada por la pareja.

          ¿Ha actuado la clomipramina sobre la manifestación depresiva o directamente a nivel de reflejo eyaculador? No podemos precisarlo. Pero este producto, según nuestra experiencia, ha dado siempre un resultado que podemos decir sencillamente que no es siempre duradero en todos los casos. Al menos este medicamento nos ha permitido que la pareja aceptara la técnica de compresión, cuyos resultados parecen más estables. Otro de nuestros clientes que había sido tratado con clomipramina puesto que no quería abordar su problema de eyaculación precoz con su mujer, ha podido así hablarle en favor del cambio que el producto había originado en su respuesta sexual y que la esposa observó.

 

AGORAFOBIA: BREVE INTRODUCCIÓN

          La agorafobia es, sin duda, uno de los trastornos de ansiedad más frecuentes en la clínica. El término  fue propuesto por Westphal en 1871 para nominar una condición caracterizada fundamentalmente por ansiedad en los espacios abiertos o calles vacías. En el mismo año Cordes, junto a la intuición de la importancia de los factores cognitivos, destacó que el miedo era era producido a menudo por las aglomeraciones (por ejemplo, iglesias, teatros, trenes, etc.). Agora es el nombre que recibía la plaza pública, el centro administrativo, religioso y comercial de las antiguas ciudades de la Grecia clásica; el significado etimológico de la palabra agorafobia sería: temor a encontrarse en una plaza o lugar público.

          Dentro del apartado de los trastornos de ansiedad (término que viene a sustituir al de neurosis) hay tres subdivisiones de trastornos fóbicos: 1) agorafobia; 2) fobia social, y 3) fobia simple. El rasgo esencial de los trastornos fóbicos es el miedo persistente e irracional a un objeto, actividad o situación específica, lo que da lugar a un deseo compulsivo de evitar el objeto, la actividad o la situación temida. El propio sujeto reconoce que su miedo es irracional o excesivo respecto a la potencial peligrosidad del estímulo fóbico. En el caso concreto de la agorafobia el rasgo esencial es un miedo notable de estar solo o de encontrarse en lugares públicos, de los que puede ser difícil escapar u obtener ayuda en caso de una incapacitación súbita. Las situaciones más frecuentemente evitadas por el sujeto agorafóbico incluyen el hallarse entre la multitud, en una calle, almacén comercial, transportes públicos, etc.

          El comienzo del trastorno puede ser repentino o gradual. La mayoría de pacientes afirman que les surgió de forma brusca con una crisis de ansiedad inesperada en una situación que más tarde adquiriría la cualidad de ansiógena y evitable. Por lo general, en la evaluación se puede apreciar que la crisis ocurre en un momento en que el cliente está inmerso en un estado de ansiedad menos agudo (conflicto matrimonial, problema laboral, etc.). El trastorno se presenta con más frecuencia en las mujeres. Marks (1979) afirma que las dos terceras partes de los pacientes son del sexo femenino.

          Por su naturaleza, el trastorno agorafóbico se convierte en muy incapacitante. El sujeto va restringiendo cada vez más su vida, hasta resultarle imposible abandonar su casa sin compañía de alguien. Así, existe una progresiva limitación de las actividades normales, llegando a dominar la vida del individuo los miedos y la conducta de evitación.

          Un aspecto importante, estrechamente relacionado con la evaluación y la terapia, es que el miedo no es experimentado sólo cuando el cliente se enfrenta a la situación, sino que se inicia desde el momento en que la situación es anticipada.

          Los trastornos fóbicos constituyen uno de los primeros campos en que fueron aplicados los enfoques conductuales con eficacia demostrada. Los procedimientos más frecuentes utilizados en terapia de conducta para el tratamiento de la agorafobia han sido: la desensibilización sistemática, la inundación y la práctica en vivo, habiéndose demostrado efectivos para reducir el miedo y la evitación de los pacientes agorafóbicos. Como afirman Mathews, Gelder y Johnston (1981) es probable que estos tratamientos operen a través de un factor común, que implica la exposición ante el objeto fóbico. Para Marks (1981), la exposición prolongada a los estímulos reales (en contraste con los estímulos imaginados) durante horas y a la máxima velocidad que el paciente pueda tolerar parece ser el enfoque más efectivo.

          Marks (1981) afirma que, hasta el momento actual, la investigación no ha podido demostrar que las terapias cognitivas puedan ser útiles añadidas a la exposición. Sin embargo, como apuntábamos anteriormente, desde las primeras descripciones del cuadro agorafóbico (Cordes, 1871) se ponía de relieve la importancia de los factores cognitivos al afirmar que la ansiedad estaba basada en las ideas de la mente del paciente y que no estaba provocada de forma totalmente automática por los estímulos ambientales. En esta dirección, los autores que participan de un modelo cognitivo-conductual consideran que tales ideas son la causa principal de la ansiedad fóbica, planteando que la emoción es controlable a través de una mejor comprensión de las autoafirmaciones y de autoinstrucciones positivas (Lazarus y Folkman, 1984).

                           

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