TERAPIA DE PAREJA

 

 

          No debe confundirse con terapia familiar en la que no sólo están incluidos los cónyuges sino también los hijos, e incluso cualquier otro pariente que forme parte de la “familia”.

          La relación de pareja se considera sujeta a los mismos mecanismos que se establecen en toda relación interpersonal, y, por ello, es susceptible de ser explicada por los supuestos del aprendizaje social. Cada persona elige a aquella otra que le produzca una gran cantidad de estimulación positiva para el mayor número de conductas, y en el mayor número de áreas posibles. Se tiende a buscar a alguien que tenga intereses y puntos de vista comunes, una presencia agradable, etc. Cuando ésta se encuentra, los esfuerzos mutuos empiezan a tener efecto y, por ello, la frecuencia de las conductas de relación aumentará, dando como resultado una consolidación de esta interrelación. De este modo, dos personas que se encuentra y realizan actividades en común, agradables para ambos, tenderán a verse con mayor frecuencia y a ampliar el campo de actividades conjuntas.

          Desde este momento hay que hacer notar que cada miembro de la pareja está ya constituido en reforzador para la otra parte, y, por tanto, adquiere la posibilidad de establecer un control sobre su comportamiento. Así, si uno de los sujetos realiza una acción que al otro no le gusta o le molesta, aquél intentará modificar su conducta para que su compañero continúe suministrándole refuerzos.

          Las parejas sin problemas en la relación ejercerán este control de una forma positiva, mientras que predominará el control aversivo en aquellas otras con dificultades en la relación. La pareja debe de enfrentarse a una serie de conflictos o situaciones conflictivas a los que se debe buscar una solución o arreglo, y en los que puede ser necesario cambiar la conducta de uno o de ambos miembros, atendiendo a un reajuste de la situación. Algunas parejas, para provocar el cambio de conducta deseado, desarrollan estrategias coercitivas recurriendo, cuando este cambio no se obtiene, a estimulación aversiva o cese de refuerzos.

          Otra fuente de problemas dentro de una relación de pareja está constituida por los cambios que se producen en el ambiente externo y que afectan a su estabilidad y equilibrio, como pueden ser la aparición de una tercera persona o el poder reforzador de un trabajo o profesión que puede competir con la relación.

          Los problemas más comunes que aparecen en una pareja vienen determinados por las distintas áreas en las que ésta se desenvuelve, tales como relaciones familiares, amistades, tiempo libre, manejo de la casa, tomo de decisiones, comunicación y relaciones sexuales. El área sexual engloba los trastornos de las respuestas sexuales. En lo que se refiere al hombre, los trastornos relacionados con la erección y los problemas eyaculatorios. Por lo que respecta a al mujer, lasa dificultades para alcanzar una excitación sexual o el orgasmo y los problemas relacionados con la penetración, como el coito doloroso y el vaginismo, entendiéndose por este último término el estrechamiento involuntario de los músculos que rodean la entrada vaginal.

          Sea cual sea el tipo de problemática a abordar, el terapeuta deberá resaltar el principio de reciprocidad que controla la relación de pareja. La conducta de ambos cónyuges en interdependiente, por lo que resulta imposible comprender la conducta de uno de los miembros de la pareja independientemente de la del otro. Es por esto por lo que en esta terapia se hace hincapié en la necesidad de que ambos miembros de la pareja participen en ella, ya que cada componente ha contribuido, por déficit o por excesos conductuales, a mantener o crear las dificultades de la relación, y, por tanto, es necesario que ambos cambien de forma conjunta, que se altere la relación.

          El terapeuta deberá poner de manifiesto la responsabilidad mutua de ambos cónyuges en el trastorno y la necesidad de que los dos estén presentes en el proceso terapéutico.

 

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