Jacobson empezó su trabajo en 1908 en la Universidad de Harvard.
Sus primeras investigaciones le llevaron a la conclusión de que la
tensión implicaba un esfuerzo que se manifestaba en el
acortamiento de las fibras musculares, que esta tensión se
presentaba cuando una persona manifestaba “ansiedad” y que tal
ansiedad podía ser eliminada haciendo desaparecer la tensión. La
relajación de las fibras musculares, es decir, la ausencia
completa de todas las contracciones, se vio como el opuesto
fisiológico directo de la tensión y por esto era un tratamiento
lógico para las personas tensas o ansiosas. Descubrió que tensando
y relajando sistemáticamente varios grupos de músculos y
aprendiendo a atender y a discriminar las sensaciones resultantes
de la tensión y la relajación, una persona puede eliminar, casi
completamente, las contracciones musculares y experimentar una
sensación de relajación profunda. La culminación de estos estudios
fue la Relajación Progresiva
(1938), una descripción teórica de su teoría y procedimientos.
El
entrenamiento en relajación no es una panacea y por lo tanto no
debe ser presentado como tal a los clientes. Es una técnica que
tiene considerable valor para aliviar un área limitada de
dificultades en un área limitada de individuos. Para evitar
malgastar tiempo y esfuerzo, los terapeutas deben saber los tipos
de problemas y situaciones para los que el entrenamiento en
relajación parece lo más apropiado.
Se
debe advertir que aunque los procedimientos de entrenamiento en
relajación pueden elevar el estatus del terapeuta ante los ojos
del cliente, el terapeuta no deberá enseñar a todos los clientes
estas habilidades simplemente para impresionarles. Ya que el
entrenamiento en relajación es utilizado principalmente en
clientes con altos niveles de tensión, cuando la tensión no es la
mayor preocupación el uso del entrenamiento en relajación puede
resultar poco convincente, si no hostil, al cliente que no
experimenta cambios notables en su ya bajo nivel de tensión. Así,
mientras que los clientes tensos están a menudo muy agradecidos
por habérseles enseñado la habilidad de la relajación, los
individuos cuyos problemas no incluyen una tensión significativa
reaccionarán de un modo bastante diferente.
Evidentemente, los objetivos más apropiados para el entrenamiento
en relajación son las respuestas molestas de alto nivel de tensión
que interfieren con la ejecución de otra conducta. Estas
respuestas pueden incluir insomnio (causado por tensión muscular y
pensamiento perturbadores), dolores de cabeza tensionales (los
cuales no responden a la medicación prescrita) y quejas menos
específicas de “tensión general” y de “nervios tirantes” las
cuales parecen estar más relacionadas con el estar despierto que
con alguna situación estimular particular.
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