RESONANCIA MÓRFICA:

BREVE INTRODUCCIÓN A LA PSICOBIOLOGÍA

 

 

          El motivo de escribir esta breve reseña, es por el impacto que supuso para mi la lectura del libro "La presencia del pasado" de Rupert Sheldrake, bioquímico de la Universidad de Cambridge (Inglaterra) y Research Fellow de la Royal Society; pues, dada mi formación cognitivo-conductual, se abrió para mi una posibilidad más de bucear en el análisis y la modificación de la conducta de las personas a través de la comprensión y adaptación de la hipótesis de la causación formativa que Sheldrake propone en su libro.

          Su libro explora la posibilidad de que la memoria sea inherente a la naturaleza. Sugiere que los sistemas naturales, como las colonias de termitas, las palomas, las orquídeas o las moléculas de insulina, heredan una memoria colectiva de todas las cosas anteriores de su misma clase, sin importar lo lejos que puedan ni el tiempo transcurrido desde que existieron. Gracias a esta memoria acumulativa, y mediante la repetición, la naturaleza de las cosas resulta cada vez más habitual. Las cosas son como son porque fueron como fueron.

          Por tanto es posible que los hábitos sean inherentes en la naturaleza de todos los organismos vivos, en la naturaleza de cristales, moléculas y átomos, y hasta en todo el cosmos.

          Por ejemplo, mientras una plántula de haya se va convirtiendo en árbol adquiere la forma, estructura y hábitos propios del haya. Esto es posible porque hereda su naturaleza de anteriores hayas; pero esta herencia no es sólo una cuestión de genes. Depende también de la transmisión de hábitos de crecimiento y desarrollo de innumerables hayas que existieron en el pasado.

          De modo parecido, durante el proceso de crecimiento de una golondrina, ésta vuela, se alimenta, cuida el plumaje, emigra, se empareja y anida tal y como habitualmente hacen las golondrinas. Hereda los instintos de su especie a través de influencias invisibles, que actúan a distancia y que hacen que de alguna forma tenga presente la conducta de las golondrinas anteriores. Su existencia y su forma dependen de la memoria colectiva de su especie.

          Los seres humanos también recurrimos a una memoria colectiva, a la que todos contribuimos.

          Si esta visión de la naturaleza fuese correcta, debería observarse fijación progresiva de nuevos hábitos a medida que éstos se extienden en una especie.

          A modo de ejemplo, si un paro azul (ave de jardín) aprende un hábito nuevo, como robar leche de las botellas arrancando el tapón, entonces cualquier otro paro azul, aun encontrándose fuera del alcance de cualquier medio normal de comunicación, debería mostrar una tendencia a aprender la misma habilidad.

          Del mismo modo que esta herencia de hábitos puede depender de influencias directas de otras cosas anteriores similares, también la memoria de organismos individuales puede depender de influencias directas de su propio pasado. Si la memoria estuviera inherente en la naturaleza de las cosas, la herencia de los hábitos colectivos y el desarrollo de hábitos individuales, el desarrollo de la "segunda naturaleza" de un individuo, podrían considerarse como aspectos distintos del mismo proceso fundamental, el proceso mediante el cual el pasado en cierto sentido se hace presente en función de la similitud.

          Así, nuestros propios hábitos personales podrían depender de influencias acumulativas de nuestra conducta asada que nosotros mismos "sintonizamos". Si fuera así, no sería necesario guardarlos enforma material en nuestro sistema nervioso. Lo mismo podría decirse de nuestros recuerdos conscientes --de una canción que conocemos o de algo que ocurrió un año atrás. En cierto sentido el pasado se nos hace presente directamente. Es posible que nuestros recuerdos no se guarden en nuestro cerebro, como suponemos que debe ser.

          Todas estas posibilidades pueden concebirse en el marco de una hipótesis científica que Sherdrake denomina hipótesis de la causación formativa. Según esta hipótesis, la naturaleza de las cosas depende de unos campos denominados campos mórficos. Cada tipo de sistema natural tiene su propia clase de campo. Tales campos confieren forma a los distintos tipos de átomos, moléculas, cristales, organismos vivos, sociedades, costumbres y hábitos mentales.

          Los campos mórficos, como los campos conocidos de la física, son regiones no materiales de influencia que actúan a través del tiempo y del espacio. Se localizan tanto en los sistemas que organizan como en su alrededor. Cuando un sistema organizado deja de existir, como cuando un átomo se divide, un copo de nieve se derrite o un animal muere, su campo organizativo desaparece de aquel lugar. Pero en otro sentido, los campos mórficos no desaparecen: son patrones organizativos de influencia potenciales, y pueden volver a aparecer físicamente en otro tiempo y lugar, en el momento y lugar en que las condiciones físicas sean las adecuadas. Cuando vuelven a aparecer contienen en ellos  mismos un recuerdo de sus existencia físicas anteriores.

          El proceso mediante el cual el pasado se hace presente en los campos mórficos se denomina resonancia mórfica. La resonancia mórfica conlleva la transmisión de influencias causales formativas que actúan a través del tiempo y del espacio. La memoria de los campos mórficos es acumulativa, siendo ésta la causa de que todas las cosas sean cada vez más habituales mediante la repetición. Cuando dicha repetición ha tenido lugar a escala astronómica a través de miles de millones de años, como en el caso de muchos átomos, moléculas y cristales, la naturaleza de tales objetos es tan habitual que resulta inmutable, o aparentemente eterna.

          Todo esto contrasta con las teorías ortodoxas actuales. La física, la química o la biología actuales no contemplan nada parecido a la resonancia mórfica; y generalmente se considera que los campos conocidos de la físicas están gobernados por leyes eternas de la naturaleza. En cambio, los campos mórficos surgen y evolucionan a través del tiempo y del espacio, y reciben la influencia de lo que ha sucedido en el mundo. Los campos mórficos responden a una concepción evolutiva, no así los campos conocidos de la física. O al menos no era así hasta hace poco.

          Hasta la década de los años sesenta los físicos consideraban que el universo era eterno, como las propiedades de la materia y de los campos, y las leyes de la naturaleza. Siempre han sido y serán eternos. Pero ahora se cree que el universo nació tras una primera explosión que tuvo lugar hace unos quince mil millones de años y que desde entonces crece y evoluciona.

          Actualmente, en la década de los ochenta y noventa, la física teórica se encuentra en ebullición. Algunas teorías se refieren a los primeros instantes de la creación. Aparecen concepciones evolutivas completamente nuevas sobre la materia y los campos.

          El cosmos ya no es una máquina eterna, sino un organismo en proceso de evolución y crecimiento. En este contexto, los hábitos pueden resultar más naturales que las leyes inmutables.

 

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